domingo, 30 de octubre de 2011

¿Qué espero del Cura?

Tomado de Alessandro Pronzato, “La homilía del domingo (ciclo A)”

Del evangelio de este domingo: “ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen”

El domingo, volviendo a escuchar la frase fatídica… me he planteado algunas preguntas bastante comprometidas respecto al “decir” y el “no hacer” de los guías religiosos.

Sobre todo, una: ¿qué espero de ellos?

Ciertamente no la perfección, o sea, la exacta coincidencia entre las palabras y las acciones, entre la doctrina y las obras, entre los consejos y los ejemplos.

Si las credenciales para la enseñanza dependieran rigurosamente de una conducta ejemplar bajo todos los aspectos, nadie tendría derecho a abrir la boca, y muchas cátedras y púlpitos quedarían vacantes.

Solamente los santos serían una excepción. O quizás, ni ellos siquiera, porque un santo, si lo es de verdad, no sabe lo que es, y sólo se reconoce como pecador.

Así pues, honestamente me contento con que el cura sea uno que dice lo que él personalmente intenta, lo que se esfuerza por hacer, aunque no siempre lo consiga.

Me explico mejor. Para mi el cura aparece creíble no cuando toma la actitud de modelo irreprensible, sino cuando se presenta como uno que busca, prueba, se esfuerza, alguna vez incluso tropieza, pero no se resigna. Y si comete algún error tiene la humildad de reconocerlo.

Y si alguien le lanza una crítica, no le hace callar diciéndole que no entiende nada y que falta al respeto a la autoridad.

En una palabra, permite que le discutan. No adopta sólo el papel de acusador, sino que tiene el buen gusto de sentarse también en el banco de los acusados.

Sé muy bien que sus palabras jamás podrán tener la cobertura total de los hechos. Pero considero suficiente que se note en ellos un toque de autenticidad y también unas vetas de sufrimiento y de tristeza. Sí, tristeza por lo inevitable, abismal desproporción.

Concluyendo, no puedo aceptar que dé lecciones desde una cátedra de presunta impecabilidad. Y me guardo bien de exigirle el diploma de santidad.

Me basta “oír” que es uno como yo. Uno que se esfuerza y nunca ha terminado de “llegar”. Y lucha. Como todos nosotros.

Yo no pretendo de ninguna manera que el cura no cometa errores…

Pero quisiera que si alguna vez tropezara con una desagradable desgracia, lo reconociese y tuviese humildad –además del buen gusto- de pedir perdón.



domingo, 16 de octubre de 2011

Requiem de Madre de María Elena Walsh



Aquí yace una pobre mujer
que se murió de cansada.
En su vida no pudo tener
jamás las manos cruzadas.

De este valle de trapo y jabón
me voy como he venido,
sin más suerte que la obligación,
más pago que el olvido.

Aleluya, me mudo a un hogar
donde nada se vuelve a ensuciar.

Nadie me pedirá de comer
en mi última morada
no tendré que planchar ni coser
como condenada.

Cantan ángeles alrededor
de la eterna fregona
y le cambian el repasador
por una corona.

No lloréis a esta pobre mujer
porque se encamina
a un hogar donde no hay que barrer,
donde no hay cocina.

Aleluya esta pobre mujer
bienaventurada,
ya no tiene más nada que hacer
y ya no hace nada.

lunes, 3 de octubre de 2011

Luján 2011 - Palabras de Bergoglio

Desgrabación de la Homilía del Sr. Arzobispo de Buenos Aires cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j. con motivo de la 37ª Peregrinación Juvenil a Pie a Luján

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, escuchamos recién. Y ahí estaba: cuidando la vida. De pie junto a la cruz estaba y sigue estando junto a las cruces de los que están con dolores en sus vidas. Ahí donde hay una cruz, en el corazón de cada hijo suyo, está nuestra Madre. El Evangelio nos presenta ese momento con pocas palabras pero con miradas profundas. Miradas de la Virgen que contempla a su hijo; mirada del hijo que la mira y la deja como Madre de todos nosotros. Jesús entrega su vida y busca en su madre quien siga cuidando tantas vidas, las nuestras, que necesitan protección. En ese momento en que Jesús le habla a su madre, cuando él está en la mas completa soledad, en el mas grande abandono; solamente tiene el afecto y la mirada comprensiva de ella, y a ella le encomienda que derrame ese afecto y esa mirada comprensiva de Madre a cada uno de nosotros en los momentos mas difíciles. Ahí está la Madre y está con el hijo: ella lo conoció desde que lo llevó en su vientre, lo sintió desde ese momento y también creyó en él desde el anuncio del ángel, esperaba esa vida como la esperaba todo el pueblo creyente. Por eso cuidó ese tesoro también en su corazón.

Y a la vida, nos enseña María, se la cuida siempre. Pero se la cuida con la ternura con que la cuidó ella: desde el momento en que se la espera hasta el último aliento del camino. Cuidar la vida entraña sembrar esperanza! Un pueblo que cuida la vida es un sembrador de esperanza! Cuidar la vida de los niños y de los ancianos, las dos puntas de la vida. Un pueblo que no cuida a sus niños y a sus ancianos comenzó a ser un pueblo en decadencia; cuidar a los niños y a los ancianos porque en ellos está el futuro de un pueblo: los niños porque son la fuerza que va a llevar adelante la Patria; los ancianos, porque son el tesoro de sabiduría que se vuelca sobre esa fuerza. Fuerza y sabiduría… Cuidar la vida es sembrar esperanza. María cuidó a Jesús desde chico y nos cuida a nosotros, que somos sus hijos, también desde chicos. Y esto que ocurre en el Evangelio, cuando Jesús le dice “cuidámelos a todos estos”, lo estamos viviendo en este lugar santo ahora. Aquí recibimos los cuidados de nuestra Madre. Ella nos espera. Y hoy por razones de la reparación del Templo, quiso salir a la puerta a esperarnos. Quiso estar con nosotros también. Este es el lugar elegido por nuestro pueblo para venir a consagrar la vida, a traer a los hijos así como José y María fueron al templo a llevar al niño; hasta acá vienen los papás en peregrinación familiar para presentar a los hijos, para consagrarlos y para bautizarlos porque quieren que la Virgen esté presente cuidando la vida de sus hijos. Por eso el lema de esta peregrinación que trae en su oración, en su intención, a los mas chicos y a los mas grandes; aquellos que la Virgen por siglos fue recibiendo y cuidando; ella estuvo de rodillas en el pesebre y estuvo de pie ante la cruz; está cuidando y acompañando toda vida y en especial a los que están mas desprotegidos. Y hoy, cuando le pidamos que nos enseñe a cuidar la vida, que nos enseñe a cuidar la vida de aquellos que tienen menos protección, que están mas desprotegidos.

Madre querida de Luján: tus cuidados los intuyen tus hijos. Los conocemos todos. Estos hijos que han venido caminando hasta tu casa, Madre. Algunos no pudieron pero están con el corazón aquí; es la ocasión y es el sentido que nos hace sentir a todos como pueblo que vos nos protegés. Madre querida: te pedimos por todos los que vinieron, los que han peregrinado desde ayer a la mañana y seguirán peregrinando hasta mañana a la mañana; que no queden solos y abandonados, Madre; que en tu casa encuentren siempre un lugar; por eso Madre te quedaste para cuidar la vida de tu pueblo; vos te quedaste para cuidar la vida de éste tu pueblo! Te pedimos que nosotros sepamos estar para prolongarnos también en estos cuidados tuyos y que como hijos te imitemos cuidando toda vida. Que aprendamos a estar en silencio para contemplar como vos, a tus hijos que son nuestros hermanos. Que al estar aquí en tu casa volvamos a consagrarnos para que no nos falte tu amor, el amor que cuida la vida.

Madre, ayudanos a cuidar la vida. Vinimos hasta tu casa porque necesitamos pedirlo. Aquí estás presente recibiéndonos ante el santuario, con la alegría de este encuentro nos consagramos otra vez y te pedimos que cuides a tus hijos, que cuides a tu pueblo que peregrina para recibir siempre tu protección. Madre, no nos olvides. No nos sueltes de tu mano. Y todos juntos, por tres veces, te vamos a pedir: “Madre, ayúdanos a cuidar la vida”;

“Madre, ayúdanos a cuidar la vida”;

“Madre, ayúdanos a cuidar la vida”.

Ciudad de Luján, 2 de octubre de 2011

Card. Jorge Mario Bergoglio, s.j.

Arzobispo de Buenos Aires

Bergoglio y la trata de personas

Homilía del Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j. en Plaza Constitución con motivo de la 4ta Misa por las Víctimas de la Trata y Tráfico de Personas.

Jesús iba por las calles de los pueblos enseñando a la gente, curando a los enfermos, consolando a los afligidos, y la gente decía: “Este es un gran hombre”. Se preguntaban quién era él. Y Jesús, que sabía eso, les hace esta pregunta a los apóstoles. Ellos le comentan lo que la gente decía de él y entonces los mira a los ojos y les dice: “Y ustedes quién dicen que soy yo?” Pedro, en nombre de todos, le responde:”Sos el Mesías, el Hijo de Dios”. Pero para evitar que creyeran que era alguien que no estaba en órbita, que no tenía nada que ver con lo que les pasaba, Jesús los baja de un hondazo y les dice: “Sepan que voy a tener que sufrir mucho, que voy a ser entregado y que me van a matar”. Jesús, Dios, el hijo de Dios que se involucra tanto en nuestra vida, en nuestra existencia que se deja matar por nosotros. Jesús, Dios, que se involucra tanto en nuestra existencia que quiere estar compartiendo nuestros dolores. Jesús, Dios, que nos viene a dar una verdadera libertad, pero no la predica desde un teatro o desde un palco sino que la predica con la “carne en el asador” en medio de aquellos que no tienen libertad.

Y por eso hoy Jesús viene aquí; y no viene a proponer una teoría de la libertad o a decir como hacer las cosas sino que viene a decir que está con estos hermanos y hermanas nuestros que en esta ciudad de Buenos Aires viven esclavizados. Ustedes me podrán decir: “Pero Padre, usted siempre dice lo mismo” … Y sí, mientras en Buenos Aires haya esclavos voy a decir lo mismo! En el colegio nos enseñaron que la esclavitud estaba abolida pero saben que es eso? Un cuento chino! Porque en esta ciudad de Buenos Aires la esclavitud no está abolida; en esta ciudad la esclavitud está a la orden del día bajo diversas formas; en esta ciudad se explota a trabajadores en talleres clandestinos y si son inmigrantes se les priva de la posibilidad de salir de ahí; en esta ciudad hay chicos en situación de calle desde años! No sé si hay más o menos pero hay muchos, y esta ciudad fracasó y sigue fracasando de liberarlos de esta esclavitud estructural que es la situación de calle. En esta ciudad esta prohibida la tracción a sangre … pero todas las noches veo en Plaza de Mayo carritos cargados con cartones y tirados por chicos…Eso no es tracción a sangre?? Es esclavitud que explota. En esta ciudad se rapta a mujeres y chicas y se las somete al uso y abuso de su cuerpo, se las destruye en su dignidad. En esta ciudad hay hombres que lucran y se ceban con la carne del hermano, la carne de todos esos esclavos y esclavas; la carne que asumió Jesús y por la cual murió vale menos que la carne de una mascota y esto pasa en esta ciudad!!! Se cuida mejor a un perro que a estos esclavos nuestros! Que se los patea! Se los deshace! La gran ciudad de Buenos Aires… y Jesús esta hoy aquí para decirnos: “Mirá a tu hermano… mirá a tu hermana…”

Hace un par de horas estuve reunido con la mama de Marita Verón, que fue robada por los tratantes y sometida a trabajo en prostíbulos. Logró liberar a otras 129 chicas pero a su hija todavía no la encontró. En esta ciudad hay muchas chicas que dejan de jugar con muñecas para entrar en el tugurio de un prostíbulo porque fueron robadas, fueron vendidas, fueron traicionadas…

Hoy venimos a pedir por las victimas de trata de personas, la trata del trabajo esclavo, la trata de la prostitución; en esta plaza del barrio de Maria Cash venimos a pedirle a Jesús que él, que es Dios y tomó nuestra carne, nos haga llorar por la carne de tantos hermanas y hermanos nuestros que son sometidos. Le venimos a pedir a Jesús que aprendamos a cuidar a estos hermanos nuestros sometidos a la esclavitud con la ternura que merecen y que no gastemos nuestra ternura en cuidar y en atender mascotas dejando de lado el hambre de nuestros chicos…

Ciudad pecadora… Ciudad sufriente… Ciudad que no sabe llorar… Buenos Aires necesita llorar: llorar por la esclavitud de sus hijos, de tantos hijos e hijas que pasaron por el volquete y quedaron en el volquete… en Buenos Aires se ha instalado la cultura del volquete porque se dan por desperdicio a hombres y mujeres que cayeron en la trata de personas. Alguno podrá preguntar: “Padre, como puede ser esto?” Lo dije las dos últimas veces: Hay una anestesia cotidiana que esta ciudad sabe usar muy bien y se llama coima y con esta anestesia se adormecen las conciencias. Buenos Aires es una ciudad coimera! Jesús esta acá con nosotros! Jesús: enseñanos a pensar en tantos hermanos y hermanas nuestros que son esclavos, enseñanos a meternos en su carne, enseñanos a llorar por esta esclavitud de Buenos Aires, enseñanos a ser más solidarios, y a luchar para que esta ciudad no tenga más esclavos.

Y a la Virgen, Madre de todos nosotros, le pedimos que nos contagie ternura materna para sentir que esos hombres y mujeres, chicos y chicas, sometidos a la esclavitud en esta ciudad, son hijos de ella e hijos nuestros. Que Dios bendiga a todos los que en este momentos están sufriendo, siendo explotados; que Jesús los acaricie. Hoy Jesús está en Plaza Constitución, no para hacer política ni para dar una conferencia sino para llorar con su Pueblo.

Que así sea.

Buenos Aires, Viernes 23 de septiembre de 2011.

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