jueves, 27 de mayo de 2010

Un Sueño hecho realidad

¡Hola a todos! Muchos de ustedes saben que desde hace un tiempo venimos soñando un espacio nuevo para chicos desde 45 a 4 años.

Ese sueño ya es una realidad: en el mes de junio empieza a funcionar el Centro de Primera Infancia “Virgencita de Luján”.

El Centro apunta a garantizar el crecimiento y desarrollo saludable de los niños y niñas de 45 días a 4 años en situación de vulnerabilidad social. Para ello se brindará una atención integral que incluya la atención de la salud, estimulación temprana y asistencia nutricional, creando condiciones de participación activa de los padres y madres para su inserción en el proceso de educación de sus hijos e hijas.

La población de niños y niñas destinatarios de nuestro Centro pertenece a la zona sur de nuestra ciudad, a las zonas ZAP (Zonas de Acción Prioritarias). Viven en condiciones de hacinamiento en lugar de entre 5 y 7 personas, habitando 1 o 2 ambientes, a veces compartiendo hasta con 2 o 3 familias un mismo espacio. Mayormente los padres trabajan en changas, cartoneando, y algunos incluso están en situación de calle. Todo esto en muy precarias condiciones de salud.

Esto va a reportar en un gran beneficio para los chiquitos y las familias.

Queremos sumarlos a este proyecto: necesitamos pañales (45 días a 2 años), algunos muebles específicos para las salas (cunas, mesitas y sillas), juguetes y material didáctico, algunos electrodomésticos (microondas, heladeritas, minipimer, procesadoras, DVD, televisor, equipos de sonidos), material de librería, etc.

Las necesidades son muchas. Cualquier cosa comuniquense para ver como se puede ayudar.

Dios nos bendiga y la Virgen Gaucha nos cuide

P. Javier

Daniel Goldman - Oración en el Te Deum en Luján

Tierra de vidalas y Salmos.

Tierra de cobijo para inmigrantes.

Tierra de creación de gauchos judíos.

Tierra de sembrado de semillas y de cosecha de doctores.

Tierra de Gerchunoff, César Tiempo y Milstein.

Tierra de costureros y hojalateros.

Tierra de maestros y aprendices.

Tierra de diversidad y universidad.

Tierra que forja nuestra identidad tan judía como argentina y tan argentina como judía.

Tierra que nos enseña que identidad y memoria son dos caras de una misma moneda.

Tierra que nos convoca en este día de profundo carácter simbólico a habitarla a través del arte de la memoria.

Memoria que nos interpela y nos demanda.

Memoria que incomoda al cómodo y acomoda al incómodo.

Evoco la memoria en el derecho de los pueblos originarios.

Evoco la memoria de los padres de la patria.

Evoco la memoria de los que ejercieron el poder con decencia y humildad.

Evoco la memoria de los obreros muertos en la Semana Trágica.

Evoco la memoria de los desaparecidos en la dictadura y los chicos de Malvinas.

Evoco la memoria de los muertos en la Embajada y en la AMIA.

Evoco la memoria de las voces marginadas, de los pobres y los excluidos.

Porque la memoria afirma la vida, y nos compromete con la humanidad.

Porque la memoria detiene cualquier abuso de poder, otorga espíritu de resistencia y dignifica.

Porque la memoria rescata de la humillación y el exilio.

Porque la memoria exige que la autocrítica no sea mera disculpa sino el ejercicio que nos ayude a retomar nuestros ideales como nación.

Invocamos a Dios

En esta celebración del Bicentenario, para que nos guíe y nos desafíe a seguir construyendo, a través de la memoria, un porvenir con un compromiso activo, de modo tal que los siglos nos vuelvan ejemplo de prosperidad, solidez, integración e integridad y que la gente diga con orgullo:

Al gran pueblo argentino, Shalom.

* Rabino Daniel Goldman. Comunidad Bet El.
Texto pronunciado en el Tedéum de Luján

miércoles, 26 de mayo de 2010

TE DEUM 25 DE MAYO DE 2010 EN LA BASILICA DE LUJAN

Mensaje de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján en el Te Deum por el Bicentenario (25 de mayo de 2010)

Señora Presidenta de la Nación Dra. Cristina Fernández de Kirchner,

Excelentísimos Señores Presidentes de países amigos,

Su Excelencia Reverendísima Señor Nuncio Apostólico, Enviado Extraordinario de Su Santidad Benedicto XVI en Misión Especial para participar en los Actos Centrales de la Conmemoración de la Revolución de Mayo,

Queridos hermanos en el Señor.

Al comenzar esta reflexión con ocasión del acontecimiento histórico para nuestra patria que conmemora los 200 años de su nacimiento, entre este 25 de mayo de 2010 y el 9 de julio de 2016, quiero dar un saludo especial a todos los presentes y a aquellos que nos siguen por cadena nacional, de parte de mis hermanos obispos, que desde todas las catedrales de la Argentina, dan gracias a Dios por este aniversario.

Llegamos con gratitud y emoción a este templo, cobijo maternal de todos los argentinos para celebrar el solemne Te Deum.

Queremos ver nuestra historia desde la fe, con sus luces y sus sombras, sus angustias y esperanzas. Mientras sufrimos y nos alegramos, permanecemos en el amor de Cristo, mirando nuestro mundo…(1)

El magno aniversario que nos convoca no nos impide estar preocupados por algunos signos de deterioro de nuestro acervo cultural, heredado de los padres de la Patria, que han hecho de nuestro pueblo ciudadanos convencidos de aquellos valores que dignifican la persona humana. Toda legislación, presente o futura, deberá promover la defensa de la vida, la familia y el bien común. No son estos aspectos conflictivos los que nos ocupan y hoy reclaman nuestra atención, sino aportar desde nuestra identidad y, ante los desafíos de este nuevo siglo, algunas líneas para proyectar el futuro con dignidad.

Buscando iluminar la celebración del Bicentenario como oportunidad de crecimiento, plantearé cuatro dimensiones: memoria, identidad, reconciliación y desafíos.

1. Memoria

Hoy llegamos para rezar, para unirnos en esta oración privilegiada de alabanza que ha acompañado la vida de la iglesia y de los pueblos cristianos desde hace mas de 1600 años - esta es la antigüedad que tiene la oración del Te Deum- . Nuestra Patria también ha recurrido a ella aquél 25 de mayo de 1810, donde los cabildantes profirieron el primer grito de libertad, que llegaría a su formalización y federalización cuando las Provincias Unidas de la América del Sud se reunieran en San Miguel de Tucumán para proclamar la Independencia el 9 de julio de 1816.

Un dato que quiero destacar es que a los pocos días de constituida la Junta de mayo, la cual asumiera la soberanía correspondiente al pueblo por la ausencia del rey de España, tomado prisionero por las tropas napoleónicas, también el cabildo de Luján, precisamente el 17 de junio, mandó oficiar un Te Deum, ante esta misma imagen de Nuestra Señora, por la instalación del primer gobierno patrio (2) y hoy aquí, dos siglos después, a Ella nos volvemos a confiar.

Miramos la historia desde la Providencia, desde el plan de Dios, a pesar de nuestras mezquindades y, bajo este punto de vista decimos que El ha conducido la historia. Nuestro Dios, “fuente de toda razón y justicia”, como expresa el preámbulo de nuestra constitución, nos ha ayudado paternalmente a caminar, a progresar, a organizarnos, a superar conflictos, a abrazar los ideales democráticos, a recibir en nuestro suelo a todos los “hombres de buena voluntad”, a cultivar el espíritu de tolerancia, a promover los amplios y variados caminos de la promoción humana.

Por tanto, damos gracias a Dios por la vida de todos nuestros hermanos que habitan este bendito suelo. Riquezas humanas en las diversas razas, desde los aborígenes hasta las diferentes corrientes migratorias. Y gracias también por las riquezas naturales con que hemos sido beneficiados por el Creador en nuestro vasto territorio.

2. Identidad

Los obispos argentinos decíamos en 2008 “Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza.(…) En nuestra cultura prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana. Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina. (3)

Los mencionados valores, que cimientan nuestra identidad han sido heroicamente vividos por quienes nos dieron independencia y libertad y trazaron sendas para hacer grande y noble nuestra nación. Como ejemplo baste mencionar a dos de nuestros mayores próceres como lo son el General Manuel Belgrano, de profundas convicciones cristianas, el cual pasara en septiembre de 1810 por este santuario y mandase celebrar una misa solemne en honor de la Virgen pidiendo la protección del Señor ante las campañas emprendidas. También el libertador don José de San Martín, desde el año 1813 fue acompañado hasta el final de sus batallas en 1823, por un relicario de Nuestra Señora de Luján.

La posibilidad de convivir en paz aborígenes, mestizos, e inmigrantes que habitan nuestro querido suelo y, hoy conforman la rica amalgama que nos identifica, también la hemos de colocar entre los agradecimientos. Se logró así una cultura, entendiendo por ella el modo de vida de un pueblo, abarcando todos los aspectos: los valores que lo animan y los desvalores que lo debilitan (4).

3. Reconciliación

En este momento crucial debemos estar empeñados por defender a cualquier costo el bien común y la unidad nacional.

Si somos humildes, hemos de hacer nuestra súplica de perdón al Padre de todos por los errores cometidos, por tantos egoísmos que nos llevaron a tremendas luchas fratricidas, desde los inicios de nuestra nacionalidad. Convencidos de la fragilidad de la condición humana, no nos excluimos, como Iglesia de las miserias, aunque la fe en Cristo nos anima y nos hace misericordiosos, ya que el perdón que ofrecemos al prójimo nos obtiene el perdón de Dios (5).

Esa misma fe en Cristo, Señor del mundo y de la historia, nos anima en la esperanza de lograr acá, en este mundo, una mayor transparencia de su luz: suplicamos por una justicia más efectiva, por una mejor y más equitativa distribución de la riqueza, por una mayor independencia de los poderes republicanos. Es una tarea que hacemos todos, contando con la imprescindible ayuda del Señor. Decíamos los obispos en marzo de este año: “La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria” (6).

4. Desafíos

La historia es maestra de la vida decía Cicerón. Aprendamos de nuestras crisis, hagamos de nuestros desencuentros una oportunidad de crecimiento. De nada sirve llorar sobre las cenizas. Nunca ha ayudado la falta de esperanza. Solo se puede crecer en la comunión y el amor recíproco.

Debemos afirmar, que el bicentenario es un desafío insoslayable para la democracia argentina. El bicentenario, interpela, interroga, reclama soluciones, estimula a elaborar proyectos políticos, a presentar propuestas sociales y culturales, a mejorar la calidad de nuestras instituciones. Acá se pone en juego nuestra capacidad de ser Nación, que como rezamos en la conocida oración por la Patria, “una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.”

Estamos ante una oportunidad única, ya sea a nivel mundial, donde la llamada globalización nos desafía a no perder nuestra identidad ni replegarnos sobre nosotros mismos. Se trata de enriquecernos dándonos. También es una ocasión propicia y hasta necesaria para una mayor integración al continente, a la América latina que conforman nuestros hermanos más cercanos: la patria grande soñada por San Martín y por Bolívar.

Como argentinos y argentinas nos debemos un mayor desarrollo federal, sano y armónico. Llevamos transitados el mayor período en régimen democrático de nuestra historia y son apenas 27 años. Hemos de promover, como dice el papa Benedicto “una mayor fidelidad a la democracia, ya que es la única que puede garantizar la igualdad y los derechos de todos” (7). Se trata, explica más adelante en el mismo discurso, de una democracia con valores, es decir que busque la verdad y se pruebe en la justicia.

El desafío de una educación para todos y que, como decía el gran educador de la juventud San Juan Bosco tenga por finalidad lograr “honestos ciudadanos y buenos cristianos”. Otro desafío impostergable será saldar nuestra deuda con los pueblos originarios. Ambas tareas nos permitirán construir nuestro futuro en paz y prosperidad.

Nos debemos un dialogo magnánimo y sereno, que significa abrirnos camino a través de la palabra y para eso debemos escucharnos con respeto y fortalecer el consenso sobre referencias comunes y constantes, más allá de partidismos e intereses personales.

No será tarea fácil incluir a todos, promover la igualdad y el desarrollo social, sin “sobrantes” como dice el documento de Aparecida, aunque también sabemos que sin la presencia y ayuda divina esto es imposible, ya que la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del Misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre (8).

Al concluir, queridos hermanos, permítanme dirigir mi oración al Señor por intercesión de su Santísima Madre:

En el bicentenario que comenzamos a celebrar nos ponemos una vez en tus manos María de Luján, para que nos alcances de tu Hijo Jesús la fortaleza y la sabiduría que nos encaminen decididamente hacia la Patria de hermanos que soñamos.

Por eso te pedimos nos concedas Señor:

Humildad para poder servirte en los pobres.

Esperanza para superar las dificultades.

Paciencia para saber construir con generosidad y alegría.

Hambre y sed de justicia para trabajar por un mundo nuevo.

Misericordia para sabernos perdonados.

Un corazón puro para descubrirte en todos.

Ser artesanos de la paz en cada día de nuestra vida.

En una palabra, no avergonzarnos nunca de creer en Ti y vivir con coherencia el Evangelio.

Jesucristo Señor de la historia, te necesitamos. Sé nuestro Pastor y guíanos siempre. Amén.


Notas:

(1) V Conferencia Episcopal Latinoamericana, Documento de Aparecida, Buenos Aires, 2007, n° 22

(2) Vicente Sierra, Historia de la Argentina, Buenos Aires, 1962, tomo V, pg. 61.

(3) Conferencia Episcopal Argentina, Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad, 96° Asamblea Plenaria, noviembre de 2008, n° 9 - 10.

(4) III Conferencia Episcopal Latinoamericana, Documento de Puebla, Buenos Aires, 1979, n° 387

(5) Cfr. Padre Nuestro.

(6) Conferencia Episcopal Argentina, 155° Reunión Comisión Permanente, 10 de marzo de 2010, n° 4

(7) Cfr. Benedicto XVI, Discurso a las asociaciones cristianas de trabajadores italianos, 27 de enero de 2006.

(8) V Conferencia Episcopal Latinoamericana, Documento de Aparecida, Buenos Aires, 2007, n° 405.

Te Deum en la Catedral de Buenos Aires - 25 de mayo de 2010

Fuente: Oficina de Prensa del Arzobispado de Buenos Aires


Al comenzar la celebración, el Sr. Arzobispo recordó el carácter religioso del Te Deum: adorar, dar gracias a Dios y pedir por la Patria. A continuación se leyeron los textos bíblicos del Deuteronomio 29: 9-14 y el Evangelio de San Mateo 5: 1-12. Luego, el Sr. Arzobispo expresó que para estar unido a los Obispos que celebraban en sus respectivas Diócesis el Te Deum, leería la Declaración del Episcopado del pasado 10 de marzo:



La Patria es un don, la Nación una tarea

1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.

2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social”1 . La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común.

3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios”2 . Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.

4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.

5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre”3 . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.



Concluida su lectura, el Coro de Ciegos entonó el canto del Te Deum y tuvo lugar la oración de los fieles. A la oración final pronunciada por el Cardenal Bergoglio, el arzobispo Tarasios del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla recitó la oración por los gobernantes. A continuación, el Pastor Angel Negro por la comunidad Evangélica, el Rabino Abraham Skorka por la Comunidad Israelita y el Scheij Abdelkader Ismael por la Comunidad Islámica hicieron una invocación cada uno. Finalmente el Cardenal Bergoglio impartió la bendición y se cantó el Himno Nacional Argentino. Concluida la ceremonia, se distribuyó a los asistentes una copia de la Declaración leída en la homilía y un ejemplar del Documento episcopal “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad, 2010-2016”.

Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016)

Texto de los Obispos argentinos con ocasión del Bicentenario

1. Los Obispos de la Argentina, nos dirigimos a todos nuestros hermanos que habitan esta bendita tierra. Les escribimos desde nuestra fe como discípulos y misioneros de Jesucristo, «rostro humano de Dios y rostro divino del hombre» (1), porque «la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabun­dante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso, todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios».(2)

Aportes para una nueva Nación

2. Muchos signos nos hacen pensar que está por nacer un país nuevo, aunque todavía no acaba de tomar forma. En los últimos años, gracias al diálogo, hemos vivido aprendizajes cívicos importantes. De manera institucional, logramos salir de una de las crisis más complejas de nuestra historia. Elegimos la no-violencia y se establecieron programas específicos para el cuidado de los más débiles. La experiencia histórica nos ha demostrado que por el camino de la controversia se profundizan los conflictos, perjudicando especialmente a los más pobres y excluidos.

3. A partir de las crisis vividas, ya nadie cuestiona la necesidad de un Estado activo, transparente, eficaz y eficiente. Crecimos en la promoción de los derechos humanos, aunque todavía debemos avanzar en su concepción integral, que abarque a la persona humana en todas sus dimensiones, desde la concepción hasta la muerte natural (3). También maduramos en la aceptación del pluralismo, que nos enriquece como sociedad, aunque todavía persisten resabios de antiguas intolerancias.

4. Por otro lado, hemos tomado conciencia que no hay democracia estable sin una sana economía y una justa distribución de los bienes (4), aunque entre todos debemos seguir trabajando a fin de hacerla realidad y que no quede sólo en una consigna o en un plano teórico o meramente emotivo (5). Asimismo, reconocemos la importancia estratégica de la educación, de la producción y del desarrollo local, de la urgencia de generar trabajo y de la necesidad de recobrar la auténtica cultura de la laboriosidad.

5. Con vistas al Bicentenario 2010-2016, creemos que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos. Anhelamos poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a la altura de este desafío histórico, depende de cada uno de argentinos. «La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Podemos preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que no admite postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer?» (6). No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es, primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial y requiere que nos decidamos a un mayor compromiso ciudadano. Pero sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, si tenemos particularmente en cuenta a nuestros hermanos más pobres y excluidos.

6. Precisamente porque estamos alentando al diálogo, no pretendemos ofrecer una propuesta exhaustiva y detallada para resolver los problemas actuales del país. Más bien expresamos la necesidad de buscar acuerdos básicos y duraderos, mediante un diálogo que incluya a todos los argentinos. Tampoco queremos caer en reduccionismos y simplificaciones sobre cuestiones que requieren el aporte de muchos, y valoramos como un don la pluralidad de miradas sobre la cuestión social y política. No obstante, como hombres de fe y pastores de la Iglesia, hacemos nuestros aportes sabiendo que «la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana» (7). Por eso nos animamos a compartir nuestros anhelos y preocupaciones.

La celebración del Bicentenario (2010-2016)

7. El 25 de mayo de 1810, el Cabildo abierto de Buenos Aires expresó el primer grito de libertad para nuestra patria. El 9 de julio de 1816, los representantes de las Provincias Unidas en Sud América se reunieron en la ciudad de San Miguel de Tucumán y declararon la independencia nacional. Estamos agradecidos por nuestro país y por las personas que lo forjaron, y recordamos la presencia de la Iglesia en aquellos momentos fundacionales.

8. Cuando se celebró el primer Centenario de estos grandes acontecimientos, nuestra Nación aparecía en el concierto de los pueblos como una tierra promisoria y acogedora. Hoy, en vísperas de la celebración del Bicentenario, la realidad y el ánimo no son iguales. «Nos sentimos heridos y agobiados... Pero queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común». (8)

9. Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.

10. En nuestra cultura prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana (9). Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina.

Juntos para un nuevo proyecto de país

11. Acercándonos al Bicentenario, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Podremos crecer sanamente como Nación si reafirmamos nuestra identidad común. En esta búsqueda del bienestar de todos, necesitamos dar pasos importantes para el desarrollo integral. Pero cuando priman intereses particulares sobre el bien común, o cuando el afán de dominio se impone por encima del diálogo y la justicia, se menoscaba la dignidad de las personas, e indefectiblemente crece la pobreza en sus diversas manifestaciones.

12. No obstante, nuestra mirada es esperanzada. «Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras» (10). Creemos estar ante una oportunidad única. Podemos aprovecharla, privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con nuestros intereses egoístas y posturas intransigentes que nos fragmentan y dividen.

13. ¿Por qué hablar de un proyecto de país? Hay una opinión generalizada sobre la necesidad de establecer políticas públicas que, tomando como fundamento nuestra Constitución Nacional, propicien un desarrollo federal, sano y armónico de la Argentina. Esta no es una preocupación nueva. Forma parte del pensamiento y del servicio histórico de la Iglesia: «no hay democracia posible sin una leal convergencia de aspiraciones e intereses entre todos los sectores de la vida política con miras a armonizar el bien común, el bien sectorial y el bien personal, buscando una fórmula de convivencia y desarrollo de la pluralidad dentro de la unidad de objetivos fundamentales» (11).

14. No es realista pretender un proyecto definitivamente estable, que no requiera ulteriores modificaciones, porque las necesidades cambiantes exigirán las debidas adaptaciones. Pero es indispensable procurar consensos fundamentales que se conviertan en referencias constantes para la vida de la Nación, y puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno.

15. Desde ellos, se deberían institucio­nalizar las necesarias políticas públicas para el crecimiento de toda la comunidad. Instalarlas requiere la participación y el compromiso de los ciudadanos, ya que se trata de decisiones que no deben ser impuestas por un grupo, sino asumidas por cada uno, mediante el camino del diálogo sincero, respetuoso y abierto. Nadie puede pensar que el engrandecimiento del país sea fruto del crecimiento de un solo sector, aislado del resto.

Un nuevo acuerdo sobre políticas públicas

16. Como muchas veces hemos dicho, el diálogo es esencial en la vida de toda familia y de cualquier construcción comunitaria. El que acepta este camino amplía sus perspectivas. Gracias a la opinión constructiva del otro, descubre nuevos aspectos y dimensiones de la realidad, que no alcanzaría a reconocer en el aislamiento y la obstinación.

17. Necesitamos aceptar que toda democracia padece momentos de conflictivi­dad. En esas situaciones complejas, alimentar la confrontación puede parecer el camino más fácil. Pero el modo más sabio y oportuno de prevenirlas y abordarlas es procurar consensos a través del diálogo.

18. Sólo el diálogo hará posible concretar los nuevos acuerdos para proyectar el futuro del país y un país con futuro. Ello es fundamental en este tiempo, donde la crisis de la economía global implica el riesgo de un nuevo crecimiento de la inequidad, que nos exige tomar conciencia sobre la «dimensión social y política del problema de la pobreza» (12). En este sentido, la promoción de políticas públicas es una nueva forma de opción por nuestros hermanos más pobres y excluidos. Ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres (13) que brota de nuestra fe en Jesucristo (14), «requiere que socorramos las necesidades urgentes y al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos e instituciones para organizar estructuras más justas. Igualmente se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales» (15). Creemos que estamos ante un momento oportuno para promover entre todos un auténtico acuerdo sobre políticas públicas de desarrollo integral.

19. Pero nunca llegaremos a la capacidad de dialogar sin una sincera reconciliación. Se requiere renovar una confianza mutua que no excluya la verdad y la justicia. Las heridas abiertas en nuestra historia, de las cuales también nos sentimos responsables, pueden cicatrizar si evitamos las parcialidades. Porque mientras haya desconfianzas, éstas impedirán crecer y avanzar, aunque las propuestas que se hagan sean técnicamente buenas. Todos debemos ser co-responsables de la construcción del bien común. Por ello, hay que sumar en lugar de restar. Importa cicatrizar las heridas, evitar las concepciones que nos dividen entre puros e impuros, y no alentar nuevas exasperaciones y polarizaciones (16), para no desviarnos del gran objetivo: contribuir a erradicar la pobreza y la exclusión. Por eso, soñamos con un Bicentenario de la reconciliación y de la unidad de los argentinos.

¿Qué estilo de liderazgo necesitamos hoy?

20. En este tiempo necesitamos tomar conciencia de que «los cristianos, como discípulos y misioneros de Jesucristo, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos» (17). Para nosotros, este es el verdadero fundamento de todo poder y de toda autoridad: servir a Cristo, sirviendo a nuestros hermanos.

21. En un cambio de época, caracterizado por la carencia de nuevos estilos de liderazgo, tanto sociales y políticos, como religiosos y culturales, es bueno tener presente esta concepción del poder como servicio. Como Iglesia, este déficit nos cuestiona. En un continente de bautizados, advertimos la notable ausencia, en el ámbito político, comunicacional y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos, con fuerte personalidad y abnegada vocación, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas (18).

22. Por eso, es fundamental generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al bien común. (19) Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente ha de ser ante todo un testigo. El testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una comunidad. Necesitamos generar un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad (20). No habrá cambios profundos si no renace, en todos los ambientes y sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la mera gestión de las urgencias. Recordemos algunos valores propios de los auténticos líderes: la integridad moral, la amplitud de miras, el compromiso concreto por el bien de todos, la capacidad de escucha, el interés por proyectar más allá de lo inmediato, el respeto de la ley, el discernimiento atento de los nuevos signos de los tiempos y, sobre todo, la coherencia de vida.

23. Alentamos a los líderes de las organizaciones de la sociedad a participar en «la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política» (21). Les pedimos que se esfuercen por ser nuevos dirigentes, más aptos, más sensibles al bien común, y capacitados para la renovación de nuestras instituciones (22). También queremos reconocer con gratitud a quienes luchan por vivir con fidelidad a sus principios. Y a los educadores, comunicadores sociales, profesionales, técnicos, científicos y académicos, que se esfuerzan por promover una concepción integral de la persona humana. A todos ellos, les pedimos que no bajen los brazos, que reafirmen su dignidad y su vocación de servicio constructivo. Uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo es recuperar el valor de toda sana militancia.

Nuevas angustias que nos desafían

24. En el actual cambio de época, emerge una nueva cuestión social. Aunque siempre tuvimos dificultades, hoy han surgido formas inéditas de pobreza y exclusión (23). Se trata de esclavitudes modernas que desafían de un modo nuevo a la creatividad, la participación y la organización del compromiso cristiano y ciudadano. Como señala el Documento de Aparecida, hoy los excluidos no son solamente «explotados» sino que han llegado a ser «sobrantes y desechables» (24). La persona humana nunca puede ser instrumento de proyectos de carácter económico, social o político (25). Por ello, ante todo queremos reafirmar que nuestro criterio de priorización será siempre la persona humana, que ha recibido de Dios mismo una incomparable e inalienable dignidad (26). La Iglesia quiere ser servidora de la «dignidad infinita» de cada persona (27) y de todos los seres humanos. Ello nos lleva a «contemplar los nuevos rostros de quienes sufren» (28).

25. La nueva cuestión social, abarca tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas humanas que no encuentran sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia. «Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios» (29). Los nuevos fenómenos «a menudo afectan a ambientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido de la vida, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social» (30). Ello se manifiesta, por ejemplo, en el crecimiento del individualismo y en el debilitamiento de los vínculos personales y comunitarios (31). Nos preocupan especialmente las graves carencias afectivas y emocionales (32). Contemplamos un gran anhelo de encontrar razones para la existencia (33). La deuda social es también una deuda existencial de crisis del sentido de la vida: «se puede legítimamente pensar que la suerte de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir» (34). Ello nos debería interpelar a todos e invitarnos a discernir y promover nuevos vínculos de pertenencia y convivencia y nuevos estilos de vida más fraternos y solidarios.

26. Además, la situación actual del país y de la economía global nos demuestra que el desarrollo no se limita al simple crecimiento económico (35). Reconocemos una recuperación en la reducción de los niveles de pobreza e indigencia después de la crisis de 2001-2002. Pero también es verdad que no se ha logrado reducir sustancialmente el grado de la inequidad social. Junto a una mejora en los índices de desempleo, el flagelo del trabajo informal sigue siendo un escollo agobiante para la real promoción de millones de argentinos.

27. Es grave la situación de la educación en nuestra patria. Constituye un bien público prioritario muy deteriorado, tanto por los magros resultados en el aspecto instructivo como en la ausencia de un horizonte trascendente de la misma. Nos hallamos ante una profunda emergencia educativa que, en caso de no revertirse con inteligencia y celeridad, gravitará negativamente en el porvenir de las jóvenes generaciones.

28. Nos preocupa la subsistencia del gravísimo problema del endeudamiento del Estado. Los pagos de la deuda externa constituyen un rubro estructural del gasto público y condicionan gravemente los esfuerzos que debieran realizarse para saldar la deuda social.

29. Lamentablemente no se ha podido erradicar un histórico clima de corrupción. Tampoco el mal del clientelismo político, alimentado por la distribución de subsidios que no siempre llegan a los que menos tienen. En muchos casos continúa la margi­nación de los aborígenes y de los inmigrantes pobres. Es particularmente preocupante la situación de los adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan, a los que la pobreza les dificulta el desarrollo integral de sus capacidades, quedando a merced de propuestas fáciles o escapistas. Es escandaloso el creciente consumo de drogas que hace estragos cada vez a más temprana edad. En todo el país se ha multiplicado la oferta del juego. La población se ve afectada por la violencia y la inseguridad que se manifiestan de variadas maneras.

30. En tiempos recientes, especialmente en la crisis de la última década, hubo numerosas iniciativas en diversos sectores de la sociedad, cuya experiencia puede ayudar a la construcción de un nuevo proyecto de país. Se propusieron variados temas en orden al desarrollo integral de todos y a la superación de los males de nuestra Nación. En particular recordamos la inmensa tarea iniciada en aquellos días por las mesas del Diálogo Argentino. Pero hoy, especialmente en medio de la actual crisis de la economía global, una vez más necesitamos discernir los caminos para superar las nuevas angustias que nos desafían. Debemos enfrentar estos desafíos confiando en las reservas morales y en los profundos valores que son el sustento de nuestra convivencia, porque la falta de verdad despierta profunda desconfianza y termina dañando el tejido social.

Metas a alcanzar a la luz del Bicentenario

31. Los dramas que hemos descrito y que afectan fundamentalmente a los más desprotegidos, están íntimamente relacionados con profundas carencias morales y estructurales. Por eso, a la luz del principio de la dignidad inviolable de cada ser humano y de una concepción integral de la persona, nos parece imperioso proponer, con vistas al Bicentenario de la Nación, algunas metas que estimamos prioritarias para la construcción del bien común:

32. Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas. Todo lo dicho será siempre provisorio y frágil, sin una educación y una legislación que transmitan una profunda convicción moral sobre el valor de cada vida humana. Nos referimos a la vida de cada persona en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Especialmente pensamos en la vida de los excluidos e indefensos. También en la vida de las familias, lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado. Allí se ilumina la vida afectiva privada y promueve el compromiso adulto con la vida pública y el bien común. Alentamos a las familias a participar y organizarse como protagonistas de la vida social, política y económica (36).

33. Avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo. Una amistad social que incluya a todos, es el punto de partida para proyectarnos como comunidad, desafío que no hemos logrado construir en el transcurso de nuestra vida nacional. «Es necesario educar y favorecer en nuestros pueblos todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad social, de cooperación e integración» (37).

34. Alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables. El habitante hace uso de la Nación, busca beneficios y sólo exige derechos. El ciudadano construye la Nación, porque además de exigir sus derechos, cumple sus deberes (38). Hay una carencia importante de participación de la ciudadanía como agente de transformación de la vida social, económica y política. Los argentinos hemos perdido el miedo a la defensa de nuestros derechos, pero la participación ciudadana es mucho más que eso. El verdadero ciudadano intenta cumplir todos los deberes derivados de la vida en sociedad.

35. Fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad. Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución, cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social.

Resulta imprescindible asegurar la independencia del poder judicial respecto del poder político y la plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia. La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión social. Asimismo, debemos fortalecer a las organizaciones de la sociedad.

36. Mejorar el sistema político y la calidad de la democracia. Es imperioso dar pasos para concretar la indispensable y tan reclamada reforma política. También para afianzar la orgánica vitalidad de los diversos partidos y para formar nuevos dirigentes, reconociendo que las estructuras nuevas no producirán cambios significativos y estables sin dirigentes renovados, forjados en el aprecio y el ejercicio constante de los valores sociales. Sobre todo, es imprescindible lograr que toda la ciudadanía pueda tener una mayor participación en la solución de los problemas, para que así se supere el recurso al reclamo esporádico y agresivo y se puedan encauzar propuestas más creativas y permanentes. De este modo construiremos una democracia no sólo formal, sino real y participativa.

37. Afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes. Urge otorgar capital importancia a la educación como bien público prioritario, que genere inclusión social y promueva el cuidado de la vida, el amor, la solidaridad, la participación, la convivencia, el desarrollo integral y la paz. Una tenaz educación en valores y una formación para el trabajo, unidas a claras políticas activas, generadoras de trabajos dignos, será capaz de superar el asistencialismo desordenado, que termina generando dependencias dañinas y desigualdad.

38. Implementar políticas agroindus­triales para un desarrollo integral. Es necesario concretar un programa agropecuario y agroindustrial a nivel nacional, que integre en la vida del país todo lo que está vinculado a nuestra tierra. Cabe apreciar la histórica importancia del campo en el crecimiento de nuestra sociedad y, a su vez, incorporar todos los avances tecnológicos con pleno respeto del medio ambiente. Por otra parte, se ha de alentar el desarrollo de las comunidades de los pueblos originarios y de las familias minifundistas, favoreciendo el derecho a la propiedad de la tierra que habitan y trabajan. Es prioritario apoyar la investigación y la inclusión científica y tecnológica de los diversos sectores en favor de las personas y de la sociedad.

39. Promover el federalismo, que supone la necesaria y justa autonomía de las Provincias y sus Municipios con relación al poder central, no sólo referida al gobierno de esas jurisdicciones sino también a la coparticipación de los recursos. Esta autonomía entraña la promoción de las economías regionales y la igualdad en las condiciones de vida, y también el acceso a las libertades y derechos, especialmente en lo que respecta a la educación, a la salud, al trabajo y a la vivienda digna.



40. Profundizar la integración en la Región. En estos tiempos que vivimos es tarea prioritaria revalorizar la integración regional, por ejemplo en el MERCOSUR, y también global, en el contexto de la creciente interdependencia de las naciones, conscientes que «los retrasos en la integración tienden a profundizar la pobreza y las desigualdades» (39).

Conclusión

41. Les hemos escrito estas reflexiones con espíritu constructivo, sin dejar de interrogarnos sobre nuestras propias responsabilidades. Lo hacemos desde la fe en Jesucristo «que es la respuesta total, sobreabun­dante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, la justicia y la belleza» (40). Tenemos siempre presente al Señor Jesús, que se angustió hasta las lágrimas cuando algunos en su tierra no aceptaban el mensaje de paz que él les ofrecía (41). Le pedimos que los argentinos, todos juntos, podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al Continente e integrada en el mundo. Nos acogemos a María Santísima, nuestra querida Madre de Luján, para que ofrezca esta sentida súplica a Aquel que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (42).


Los Obispos de la Argentina

96ª Asamblea Plenaria, El Cenáculo - la Montonera (Pilar), 14 de noviembre de 2008





Siglas y abreviatura de los documentos citados

Documentos del Magisterio
ChL Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles Laici
GS Constitución pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II
PP Pablo VI, Encíclica Populorum Progressio
SRS Juan Pablo II, Encíclica Solicitudo Rei Socialis
NMI Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millennio Ineunte
EA Juan Pablo II, Exhortación apostólica Ecclesia in America
DI Benedicto XVI, Discurso Inaugural en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
DA Documento Conclusivo de Aparecida
CDSI Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia


Documentos de la Conferencia Episcopal Argentina
ICN Iglesia y Comunidad Nacional
NMA Navega Mar Adentro


Notas
(1) EA 67
(2) DA 380
(3) CDSI, 154
(4) ICN, 129
(5) DA, 397.
(6) CEA, «Afrontar con grandeza nuestra situación actual», 80° Asamblea Plenaria, 11de noviembre de 2000
(7) DI, 3
(8) Conferencia Episcopal Argentina, Oración por la Patria, 2001
(9) ICN, 197; NMA 28
(10) DA, 30
(11) ICN, 127
(12) CDSI, 184
(13) DA, 396
(14) Cf. DI, 3; DA, 393-394
(15) DA, 384.
(16) DA, 534
(17) DA, 393
(18) DI, 4
(19) ChL, 42; CDSI, 410.
(20) Cf DA, 394
(21) DA, 403a
(22) CEA, «Afrontar con grandeza nuestra situación actual», 80ª Asamblea Plenaria, 11de noviembre de 2000
(23) SRS 15
(24) DA 65
(25) CDSI, 133
(26) CDSI 105
(27) DA 388
(28) Cf DA, 65
(29) DA 44
(30) NMI 50
(31) DA, 44
(32) DA, 444
(33) DA, 53
(34) GS, 31
(35) PP 14
(36) CDSI 246-249
(37) DA 535
(38) CEA, «La Doctrina Social de la Iglesia. Una luz para reconstruir la Nación», 90ª Asamblea Plenaria, 11 de noviembre 2005
(39) DA, 528
(40) DA, 380
(41) Lc 19,42
(42) Cf Jn 14,6

lunes, 17 de mayo de 2010

Celebrar el Bicentenario en la Ciudad de Buenos Aires (2010-2016).

Documento del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia

Celebrar el Bicentenario en la Ciudad de Buenos Aires (2010-2016).

Estamos entrando en la celebración del Bicentenario de nuestra Patria (2010-2016). La Misión de la Iglesia en la Argentina no puede estar separada de este acontecimiento. [1] El anhelo es “poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social”. [2]

Como Equipo de Sacerdotes para las Villas de la Ciudad de Buenos Aires nos preguntamos: ¿cómo hacer realidad este anhelo en nuestros barrios?
La pastoral popular que desarrollamos desde el Evangelio, tiene como horizonte “contribuir a la integración y unión de un pueblo… unir al pueblo que está en las villas con el pueblo de la ciudad”. [3] Sabemos que “los retrasos en la integración tienden a profundizar la pobreza y las desigualdades”, [4]por eso nos parece imprescindible trabajar por la integración urbana.

Ahora bien, al tratar de pensar los sucesos de hace ya doscientos años, y que todos conocemos, buscamos recoger con el pensamiento y traer a la memoria las cosas ocultas, descuidadas y dispersas. Es necesario que la memoria de un pueblo que celebra busque en si misma lo que se ha escapado, pero no se ha perdido, sino que sólo está oculto.

Cuando leemos, escuchamos o vemos relatos sobre nuestra historia solemos encontrarnos con nombres de un grupo muy reducido de la población. Cuando estudiamos por ejemplo el período independentista del que ahora comienza a celebrarse su bicentenario, los nombres que se mencionan son los de personas que fueron muy importantes en el proceso, pero que evidentemente no lo hicieron solos. Miles de mujeres y hombres cuyo recuerdo casi se ha perdido fueron también partícipes del proceso de independencia y su acción fue decisiva en los acontecimientos que estamos celebrando. Por eso, si se tiene en cuenta sólo a quienes hoy tienen calles que llevan sus nombres, se está centrando la atención nada más que en una minoría ilustrada. Y queda afuera el grueso de la población, lo que en la época se llamaba “el bajo pueblo”. Pero si no contemplamos la acción de ese bajo pueblo no entendemos la historia en su plena verdad.

Queremos destacar entonces, la influencia del “bajo pueblo” en los acontecimientos que celebramos: “ese grupo no fue una caja de resonancia de las decisiones y acciones de la elite porteña sino que también contribuyó a delinear el destino de Buenos Aires. Es más, no es posible comprender la política porteña de la época si no se atiende a la participación plebeya” [5].

Hoy en día el pueblo que habita las periferias de la ciudad también puede recibir este nombre de “bajo pueblo”. Y nosotros creemos firmemente que está llamado a tener un rol protagónico en la celebración del Bicentenario.

Tal vez alguien podría afirmar que las Villas están habitadas por muchos extranjeros. ¿Por qué incluirlos en “nuestra” celebración? Pero en realidad, “si algo no ha de resultar ‘extraño’ (=extranjero) a nuestra sensibilidad es precisamente el extranjero. Estamos en un pueblo que a lo largo de su historia ha incorporado continuamente a extranjeros, que aportaron valores de sus propias culturas” [6]

Este año celebramos el Bicentenario de la Revolución de Mayo, que inicia el proceso que terminará en la independencia de un nuevo país, Argentina. Ahora bien, a partir de 2010 comienza una serie de bicentenarios importantes para nuestro país: la bandera y la batalla de Tucumán en 2012, la Asamblea del Año XIII y la libertad de vientres en 2013, la independencia en 2016, el Cruce de los Andes en 2017, la batalla de Maipú en 2018, por citar sólo los más destacados. Pero la década que se inicia no sólo trae celebraciones para nuestro país, es una década americana. Porque en 1810 no sólo se formó una junta en Buenos Aires, sino que también hubo juntas en Caracas, Santiago de Chile, Bogotá, Quito y en parte de México. Porque “nuestra” guerra de independencia es la misma que condujo a las independencias de Chile, Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay, por citar sólo los casos cercanos.
En esa época la gente tenía dos identidades: el lugar donde nació (así había salteños, mendocinos, porteños, correntinos, cordobeses, potosinos, cochabambinos, limeños, asunceños, etc.) y ser americano. No existían las identidades nacionales todavía. Por eso, sólo podemos entender el proceso de la independencia si lo vemos como un fenómeno americano y no sólo argentino. “El pueblo argentino nace en el espacio fraterno de la solidaridad latinoamericana que no puede ser borrado de la memoria histórica” [7]

Este es el Bicentenario de todos. Por eso, es también la celebración de los bolivianos, paraguayos, peruanos, uruguayos y otros latinoamericanos que viven en nuestro país, en nuestra Ciudad de Buenos Aires y por consiguiente en nuestras Villas. Sería muy bueno que pensemos a los años que vienen como una oportunidad para la integración; que sea el Bicentenario de la integración.

Los vecinos de nuestros barrios de indudable condición social pobre, no son simplemente carentes de dinero, sino que tienen un modo de ser, una cultura propia. Hay en nuestras Villas una enorme riqueza cultural que ha tenido como origen la llegada a la gran ciudad, de familias del interior del país y de países limítrofes. Se respira y se vive una cultura popular que tiene como núcleo la fe en Dios y en la Virgen [8]. Cultura popular que entiende el barrio ante todo como el vínculo de los vecinos que anhelan vivir los valores de la fraternidad y la solidaridad. Hay en la mayoría de los habitantes de nuestras Villas un deseo profundo de progresar; pelean cada día por una vida más digna.

Por otro lado esta realidad se da en un contexto de marginación dentro de nuestra querida Buenos Aires. Nos parece que hay entre otros, dos presupuestos que dificultan la integración de nuestros barrios a la Ciudad y tienden a deslegitimizar todo derecho del habitante de la Villa a vivir en este sector de la Ciudad. El primero tiene que ver con la propiedad privada [9]: “no es su tierra, no pagan todos los impuestos, ni todos los servicios, por eso no son ciudadanos”. Y es así que los criterios más pragmáticos de una sociedad capitalista privilegian el potencial lucrativo de la tierra por sobre el derecho a la vivienda de los más pobres. El segundo presupuesto tiene que ver con el privar de todo valor a la cultura popular que allí se vive por identificarla a algunos de los antivalores que se dan en ella [10].

Pero si miramos desde otra perspectiva constatamos que se da de hecho una enorme desigualdad de oportunidades respecto de otros barrios. Los habitantes de la Villa, cada uno con su rostro, su raíz y su esperanza, merecen ser respetados e integrados al todo de la Ciudad. Para ello en primer lugar es necesario escucharlos. Son vecinos de la Ciudad de Buenos Aires, no se puede ocupar su lugar dejándolos al margen de las decisiones, sobretodo en temas que afectan directamente a su vida. Para nosotros los más pobres son sujetos de su propio destino, de su promoción humana integral.

Ahora bien, creemos que considerar a los más pobres no como objeto, sino como sujeto, implica también reconocer que los más pobres tienen una manera particular de pararse frente a la realidad, un modo de situarse frente a la vida. No sólo dan que pensar, sino que piensan; no sólo despiertan sentimientos sino que sienten. Tienen una cosmovisión que ofrecer. Esto parece una verdad elemental, sin embargo, en la práctica, a la hora de trazar políticas de Estado para estos barrios no es suficientemente tenida en cuenta. Tal vez habría que decir que a lo largo de los años las decisiones sobre las Villas cambiaron con los sucesivos gobiernos. Entonces descubrimos por ejemplo que el verdadero urbanizador ha sido el vecino común de la Villa. En muchos de los casos fueron los mismos villeros los que hicieron habitables algunos sectores de la ciudad ganando espacio a un basural, o rellenando una laguna. [11]

La celebración del Bicentenario en nuestra Ciudad de Buenos Aires es una ocasión para reconocer al pueblo que habita la Villa como un interlocutor al que hay que primeramente escuchar para entrar en un diálogo fecundo. Por eso se trata de una escucha sincera y eficaz que lleve soluciones reales, que ayuden a recuperar la confianza del vecino común de la Villa en los funcionarios públicos, en la justicia etc.

Este tipo de escucha ciertamente ayudará a bajar los niveles de enojo y de violencia que a veces vemos en los barrios. Por eso no alcanza conocer el barrio a través de punteros políticos. No alcanza conocer la Villa a través de la televisión o los diarios. No alcanza, porque aquí estamos hablando de que se desatienden los derechos más elementales: el derecho a la alimentación, el acceso al agua, a la educación básica, al cuidado de la salud, a una vivienda digna. etc. Estamos hablando aquí de derechos universales de todo ser humano sin distinciones ni discriminaciones. Estos derechos elementales suponen el cumplimiento de los deberes más elementales por parte del Estado. Deberes que la Iglesia, las ONG, los grupos comunitarios de nuestros barrios y la sociedad en general, tenemos también que asumir como propios, según nuestras posibilidades. Esta es nuestra responsabilidad ya que la solidaridad es algo de todos, no se le puede exigir todo al Estado [12].
En la gran ciudad muchas veces se reivindica el derecho a lo superfluo y nos olvidamos que en la periferia de la misma se vulneran los derechos más elementales [13].

El Evangelio de Jesús nos enseña que cada persona es sagrada, cada una tiene una dignidad infinita y debemos respetarla. Esta Buena Noticia debe ser anunciada y realizada entre los más pobres. [14] El programa de Jesús, ese camino que va desde los pobres a todos, nos parece un programa más que válido a la hora de trazar políticas de Estado, a la hora de legislar y a la hora de juzgar.

En camino hacia la integración urbana.

Si tenemos pasión por el Bien, si realmente queremos pagar la deuda social en los barrios más pobres de la Ciudad, la celebración del Bicentenario se presenta como una gran oportunidad. La misma abarcará un período de seis años; esto nos da la posibilidad de escucharnos y a través del diálogo buscar consensos que nos permitan realizar acciones concretas, que ayuden a integrar las Villas a la Ciudad de Buenos Aires.

En un primer paso habría que buscar un método para escuchar a los vecinos de las Villas, recogiendo así los deseos y necesidades que el pueblo de la Villa experimenta. Tal vez por ejemplo se descubra que primero desean una escuela cerca, o una guardería para que las mamás puedan salir a trabajar y sólo luego cambiarle el nombre a las calles, para que no sean los mismos nombres que las de otras calles de la ciudad.

Obviamente se necesita alguien en el Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires que tenga la mirada del conjunto de estas aspiraciones de los vecinos de las Villas y articule la necesaria participación de distintos ministerios y áreas del Estado, para que en lo concreto del trabajo de integración de las Villas al todo de la Ciudad no se superpongan roles y funciones, ni se actúe de manera desarticulada.
También es necesario más allá de las diferencias políticas, el diálogo, el consenso y las acciones comunes entre el gobierno nacional y el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre temas que hacen a la promoción y al cuidado de los más pobres que viven en las Villas de la Ciudad.

El Bicentenario nos da la posibilidad de mirar hacia delante, de proyectar, de votar un presupuesto, de realizar acciones concretas y de evaluar los objetivos consensuados. Por consiguiente es necesario una vez escuchados a los vecinos de estos barrios trazar políticas de Estado más allá de quien gobierne.
Estamos hablando entonces de un acuerdo social y político que favorezca la integración de las Villas a la Ciudad. La deuda social es enorme, visualizamos esta propuesta como un camino para alcanzar una mayor justicia social.

Pedimos a la Virgen de Luján, Madre del Pueblo, que nos inspire los caminos para celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social.


- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Guillermo Torre, Martín Carrozza y Eduardo Drabble de la Villa 31.
- Gustavo Carrara, Joaquín Giangreco y Hernán Morelli de la Villa 1-11-14.
- Franco Punturo y Pablo Ostuni de la Villa 20.
- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.
- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.
- Sergio Serrese de la Villa 19.
- Enrique Evangelista de la Villa 26.
- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.

Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 11 de mayo de 2010.

domingo, 9 de mayo de 2010

Curas villeros: predicadores de la Teología del Pueblo (La Nación - 9 de mayo)

Iglesia y política

Curas villeros: predicadores de la Teología del Pueblo

Se consideran hijos del movimiento de sacerdotes tercermundistas que lideraba Carlos Mugica, asesinado por la Triple A. Hoy, a 36 años de esa muerte, sienten que su compromiso con los pobres no exige definiciones políticas. ¿Quiénes son y cómo piensan los integrantes del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia? Su relación con Bergoglio y las tensiones con Macri

Por Laura Di Marco

¿Usted es de izquierda, padre? -le preguntó una señora de clase media, sin ironía, al padre Gustavo Carrara, párroco de la villa del Bajo Flores.

-No, señora ¿por qué me lo dice?

-No, digo... Como siempre está con los chicos de la calle...

-Yo no sigo a Marx, señora, sino al Evangelio, y a la figura de Jesús: así se corporiza mi opción por los pobres. Mi compromiso con la pobreza es desde la religión, no desde la política. Pero le voy a decir algo: San Juan Crisóstomo, que vivió en el siglo III, tiene unos textos tan audaces que Marx era un poroto a su lado.

El padre Carrara, de 36 años, es uno de los veintidós curas villeros de la Capital, un equipo que fue alimentando el cardenal Jorge Bergoglio, desde su designación, en 1998.


* * *

El trabajo de estos sacerdotes que eligieron vivir muy lejos del paraíso no llamó demasiado la atención ni despertó la curiosidad mediática hasta el año pasado, cuando los narcos afincados en las villas amenazaron de muerte al padre José Di Paola, el padre "Pepe", para todos, mientras andaba en bicicleta solo por esa tierra de nadie donde no entran los taxis ni tampoco, a veces, la Policía. Sucedió hace un año, cuando el párroco de Caacupé y actual coordinador del Equipo denunció, junto con los sacerdotes que lidera, que en los barrios pobres, más allá de las leyes, la despenalización de la droga era un hecho.

"Dejate de joder o vas a ser boleta", lo interceptó uno de esos narcos, a los que Bergoglio bautizó "mercaderes de las tinieblas". Pepe tardó en procesar la amenaza. El obispo, al revés: la tomó muy en serio. Tanto, que la llevó enseguida a los medios. Fue entonces cuando la Argentina conoció la silenciosa tarea de Pepe y los curas villeros, y su compromiso con la recuperación de los chicos adictos al paco.

Desafíos de otra época
Hace 36 años -se cumplen este martes 11 de mayo-, el padre Carlos Mugica, el hombre de quienes estos curas se consideran herederos espirituales, tuvo menos suerte: cercano a la militancia social de Montoneros, sucumbió a la lógica violenta de la época tras una emboscada de la triple A. Precisamente, los curas del Padre Pepe le rendirán su homenaje el próximo domingo con una misa en la parroquia Cristo Obrero, fundada por Mugica, y una conferencia de prensa previa en la que el Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia hará público un nuevo documento, el tercero del grupo, con eje en el Bicentenario.

Se consideran hijos del Movimiento de sacerdotes tercermundistas, aquellos que, en los setenta, lideraba Mugica. Entre ellos estaba Daniel de la Sierra, un cura que, para impedir que los militares erradicaran los asentamientos, se tiraba delante de las topadoras del Proceso y hoy está enterrado bajo el altar de la parroquia de la Villa 31.

Es que, en aquella época hiperpolitizada, algunos sacerdotes para el Tercer Mundo entendieron que la forma de luchar contra la pobreza y la exclusión en América latina era abrazar el compromiso político que, para muchos de ellos, pasaba en los setenta por la izquierda peronista.

"Aquellos sacerdotes eran peronistas porque el pueblo lo era", contextualiza hoy el padre Gustavo Carrara.

Claro que las cosas son ahora muy diferentes. "Es otra época y los desafíos son acordes a este momento: hoy lidiamos con la violencia del delito y de la droga, y no con la de la política. Son desafíos nuevos, pero el espíritu es el mismo", define Pepe.

En el primer piso de la parroquia de Caacupé, cinco curas de los asentamientos porteños más populosos de la Capital están reunidos para la nota con Enfoques.

Son las diez de la mañana en la Villa de Barracas y, sentados en ronda, se ceban mate entre ellos. Alrededor de la mesa parroquial, además de Pepe, el líder del Equipo, están Martín De Chiara, de 34 años, párroco de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo; Martín Carrozza, de la 31, la Villa de Retiro; Gustavo Carrara, de la 1-11-14, y el padre Juan Isasmendi, que trabaja junto a Pepe, el párroco de Caacupé.

Ellos son los referentes religiosos de las villas más populosas. En su mayoría fueron criados en la clase media, y algunos en la clase media alta, como el padre Mugica. Tienen entre 30 y 40 años, con la excepción de Padre Pepe que, con 47, es el más veterano del grupo, y también el más mediático.

Si bien este equipo existe desde hace más de 40 años -fue creado por el cardenal Juan Carlos Aramburu, en 1969-, lo cierto es que fue el actual obispo porteño, según coinciden los sacerdotes de las villas, quien decidió destinar más curas a los asentamientos, más recursos, y levantar más parroquias. Así, el equipo pasó de tener ocho sacerdotes, a fines de los noventa, a veintidós, para la asistencia de las 180 mil personas que, se calcula, viven en los asentamientos de la Capital

Fue el cardenal en persona quien visitó al sacerdote de Barracas la mañana que le siguió a la amenaza. Bergoglio llegó caminando solo, por las calles de tierra de la barriada, ante la mirada sorprendida de Pepe:

-Pero... ¿qué hace acá? -le preguntó preocupado.

-Vine a saludarte -le respondió el Obispo.

El cardenal es un gran enamorado de esa religiosidad popular, dicen los curas, y cuentan que es bastante común que, durante las peregrinaciones juveniles a Luján, sea Bergoglio el confesor que se instala, sin que los jóvenes peregrinos lo sepan, en la basílica.

Tampoco es raro, dicen, que llegue de improviso a un comedor popular o a la fiesta de una Virgen en alguna de las barriadas donde trabaja el equipo.

La cercanía y el compromiso de Bergoglio con este grupo que trabaja en las villas despertó no pocas especulaciones en su momento, cuando no alguna sorpresa. Considerado habitualmente como un hombre de pensamiento político de centro, cuando no de derecha, filoso crítico del Gobierno, Bergoglio no parecía coincidir con el espíritu de este equipo que se siente heredero espiritual del padre Mugica, ícono de la militancia setentista. En un libro publicado hace pocos días, El Jesuita (Vergara), de Francesca Ambrogetti y Sergio Rubin, el mismo cardenal respondió a quienes le cuestionan su papel durante esos difíciles años 70, habló de los sacerdotes jesuitas desaparecidos que trabajaban en la Villa del Bajo Flores y dijo: "Hice lo que pude con la edad y la poca influencia que tenía".

Por aquellos años, hubo algunos sacerdotes tercermundistas que adscribían a la Teología de la Liberación, una corriente de la Iglesia, cuyos principales referentes fueron el peruano Gustavo Gutiérrez y el brasileño Leonardo Boff, que utilizaba categorías marxistas para analizar a la sociedad. Sin embargo, los sacerdotes villeros de la actualidad suscriben hoy a otra corriente que denominan la Teología del Pueblo.

¿De qué se trata y en qué se diferencian una y otra filosofía?

Lo explican: la Teología del Pueblo se basa en la sabiduría popular, no en categorías o diagnósticos que se imponen desde arriba. Se la puede pensar, dicen los sacerdotes, como una hermenéutica del pueblo pobre, escaso de riqueza pero no de saber.

Las ideas se alimentan, bajo este paradigma, de la vida, indica Carrara: "Aquí no existe izquierda o derecha, existe querer tener agua, luz, vivir mejor". Para estos curas, "la ilustración" -es decir, la academia o los intelectuales- viene con conceptos amasados previamente que a menudo no encuentran conexión con la realidad de la pobreza.

La Teología del Pueblo tiene sus propios referentes locales: Lucio Gera y Rafael Tello fueron dos de ellos. Tello creó, en los setenta, la peregrinación juvenil a Luján, que actualmente está compuesta por un 80 por ciento de jóvenes pobres.

La caminata a Luján es un claro ejemplo de lo que el cardenal jesuita entiende como religiosidad popular porque fue una idea que le sugirió una señora de la Villa del Bajo Flores al padre Tello, en su época.

"Creen que van a hacer la revolución caminando a Luján", fustigaban, en los setenta, los militantes de la izquierda, que no se resignaban a la imposibilidad de sumar de lleno a su causa a aquellos curas que simpatizaban con los pobres. Una parte de la clase media también los atacaba: los veía como guerrilleros con sotana.

"Eran tiempos de incomprensión -reflexiona Pepe-, pero hoy, corrida la ideología, todo está más claro."

"Nosotros no tenemos que meternos en los vaivenes de la política porque los políticos exigen una fidelidad ciega que, muchas veces, olvida a las personas concretas. Y nosotros estamos junto a las personas concretas", explica De Chiara.

De hecho, la Iglesia impide a sus sacerdotes participar de la política partidaria. La política partidaria parte, dice el padre Guillermo Marcó, que fue durante años vocero de Bergoglio. Pero eso no impide que los sacerdotes sí puedan fijar su posición en cuestiones de política pública -la política entendida en un sentido amplio-, como de hecho lo hacen.

Mugica, por ejemplo, había integrado la comitiva que acompañó a Perón de regreso a la Argentina. Es esa definición, explícita, la que hoy no quiere la Iglesia.

-Ahora, dicen que el cardenal es peronista, ¿eso es cierto?

Largo silencio. Los curas se pasan el mate y se miran entre sí. "Ah, eso ni Dios lo sabe", suspira el padre Carrara. Los demás se ríen, pero nadie habla. Es obvio que es un tema en el que prefieren no ahondar.

-También se dice, desde el kirchnerismo por ejemplo, que el cardenal es un hombre de derecha.

En esto sí quieren ahondar.

"Mirá, la sociedad tiene una concepción simplista, o sos esto o sos lo otro, y entre los políticos parece que hay más dogmáticos que entre los religiosos -desafía, Pepe-. Hay que calificar a las personas por lo que hacen. ¿Puede ser de derecha alguien como Bergoglio, que duplicó la cantidad de sacerdotes en las villas o que es un fanático de la religiosidad popular? Porque cuando un Arzobispo nombra a un sacerdote en un destino es porque lo deja de nombrar en otro. Es decir, está haciendo una opción. Y la opción, en este caso, es clara".

El equipo, que se reúne cada quince días para reflexionar, produjo dos documentos importantes, y va por el tercero (el que presentarán el próximo domingo, en el homenaje a Mugica).

El primero, en 2007, fue "Reflexiones sobre la urbanización y el respeto por la cultura villera", un texto en el que se pronunciaron por la integración. Los curas volvieron a salir al cruce más tarde sobre el mismo tema cuando el actual jefe porteño evaluó la posibilidad de llamar a un plebiscito en el que les preguntaría a los vecinos por el destino de los asentamientos. "Lo primero que queremos afirmar es que estas personas son vecinos de la ciudad de Buenos Aires -le escribieron los curas a Macri-. Por eso, nos parece que no se puede decidir por ellos".

El Equipo se enfrenta hoy con una batalla cultural, tanto o más pesada que la política: tratar de integrar a los villeros a una ciudad que los rechaza y les teme.

En 2009 firmaron el segundo documento, sobre el consumo de drogas, que desencadenó la amenaza a Pepe.

También, desde la Pastoral Universitaria, Guillermo Marcó lidera el proyecto "Generación Universitaria", un programa entre la Universidad Católica y los chicos de Villa Soldatti. Los estudiantes de la UCA, de clase media, se juntan los domingos por la mañana con los chicos pobres para hacer actividades en la villa del padre De Chiara.

Martín Carroza, de la Villa de Retiro, habla de ese monstruo que alimentamos entre todos: el desprecio. "Hace poco se hablaba de un muro en San Isidro, pero existen otros muros que son tan sólidos como una pared: la indiferencia, la desconfianza, el creer que son todos vagos que quieren vivir de planes, que son chorros", dice.

El padre Isasmendi completa la idea. "La marginalidad es un no lugar en la sociedad y todos somos responsables de su creación. Cuando una persona es marginada en forma constante, siente que su vida no vale. Entonces, cuando uno de estos pibes roba una canilla en el barrio de al lado, ahí sí se alzan todas las voces acusatorias, pero nadie ve que ese hecho tiene una responsabilidad colectiva."

Por los asentamientos de la Capital, sobre todo por los más populosos, pasan todos: funcionarios, gente que quiere ayudar desde redes sociales, turistas en busca de llevarse una postal de la pobreza. Pasan, también, políticos en campaña, con sensibles discursos sobre la pobreza. Pero la realidad es que los que viven en el barro y se mezclan a diario con la miseria, la muerte y la mala vida son estos hombres, sacerdotes de villas de emergencia, quizá los únicos padres simbólicos a los que pueden acudir por ayuda los olvidados del mundo.

© LA NACION

8 de Mayo - Misa en Luján - Palabras del Cardenal Bergoglio

Aquí en Luján hubo un gesto de la Virgen y nos hace bien recordarlo: en 1630 una pequeña imagen de la Pura y Limpia Concepción, se quedó. Iba a otra parte la caravana, pero la Virgen provocó la parada.

Desde ese momento en este lugar hubo visitas, peregrinaciones, encuentros con la Virgen. Desde ese momento la Patria tuvo madre. La imagen, al principio, estaba en una taperita, después una iglesia... y hoy la Basílica tan linda y tan cuidada.

Aquí aprendimos a detenernos y recibir vida. Aquí junto a la Madre de Jesús venimos a descansar, a confiarle la vida de otros, la vida que muchos fueron cargando en la peregrinación, en el silencio y la oración por el camino. Aquí el pueblo sencillo y creyente de nuestra patria fue creciendo también en algo tan característico del lugar: la solidaridad y la fraternidad. Y con este modo simple, de encuentro y silencio armó nuestra Madre el santuario: esta es la Casa de los argentinos. La Patria, aquí, creció con la Virgen; la Patria aquí tiene a su madre.

¡En esta su Casa de Luján cuántos vinieron a recibir la fe en el bautismo, a cumplirle promesas o a confiarle su necesidad, sus dolores o sus problemas! Por el templo anterior a esta Basílica, cuando la Patria empezaba, pasaron San Martín y Belgrano al principio y al final de sus campañas. Pasaron ellos, como muchos, en medio de la gloria, y cuando quedaron solos y olvidados, le confiaron su tristeza. Sabían que la Patria tenía Madre.

Hoy es su fiesta, al celebrarla a Ella que recoge las visitas y las oraciones de los hijos, le pedimos aprender a ser como el Negro Manuel, silenciosos observadores de la vida y el camino de esta Patria, y a rezar por ella con la fidelidad del pueblo que intuye esta presencia de madre y por eso confía. Somos parte de esta historia del milagro que continúa y se sigue escribiendo. A ella también le pedimos la gracia de saber trabajar por la Patria, hacerla crecer en la paz y concordia que nos da el sentirnos hermanos, desterrando todo odio y rencor entre nosotros.

En este lugar tan santo, lleno de fe y esperanza, pedimos hoy a la Madre que cuide a nuestra Patria. En particular a aquellos que son los más olvidados, pero que saben que aquí siempre hay lugar para ellos. Así fue desde el principio: la Virgen cuidó desde muy adentro del corazón a esta Patria, comenzando desde los más pobres, los que para los suficientes no cuentan... pero aquí sí que son tenidos en cuenta. Por ello a los hijos de la Virgen de estas tierras nunca les falta la protección de nuestra Madre.

En Luján hay un signo para nuestra Patria: todos tienen lugar, todos comparten la esperanza y todos son reconocidos hijos. Hoy vinimos a rezar en esta fiesta de la Virgen, en este año Bicentenario, porque aquí crecimos y aquí nuestra Patria siempre tuvo una bendición, porque tiene una madre. No tenemos derecho a aguacharnos, a bajar los brazos llevados por la desesperanza. Recuperemos la memoria de esta Patria que tiene madre, recuperemos la memoria de nuestra Madre. Miremos a la Virgen y pidámosle que no nos suelte de su mano. Gracias Madre por quedarte con nosotros.



Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
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